martes, abril 24, 2007

The best song in the world

Hace unas semanas tuve la suerte de compartir escenario en una jam session con uno de mis cantantes favoritos. No es famoso, ni rico, ni nada de eso, pero cada vez que Paco abre la boca para cantar se me para el mundo. Lo venía siguiendo desde hace tiempo, él cantaba hace tiempo en Tramperos, banda valenciana de versiones de rock en la que actualmente, y de manera eventual, canto yo también . Esa noche tocaba con ellos en una jam que abríamos nosotros, y de repente, me fijé en que él andaba entre el público. Lo había visto en directo pero no nos conocíamos. Mientras cantaba Álvaro, me salí del escenario y le dije que era una gran fan suya. El se rió y me dijo que había oído hablar de mí. Le juré y perjuré que realmente me parecía el mejor cantante del mundo y se siguió descojonando... Más tarde se subió a cantar unos temas y yo me sentía la persona más afortunada del mundo por escucharle tan de cerca, sobre el mismo escenario. Es indescriptible la magia, el feelin' y la emoción que tiene en su voz. Realmente increible. Fue entonces cuando sucedió uno de los momentos más guapos que recuerdo ultimamente, uno de esos instantes por los que vale la pena sentirse vivo, de esos a los que te agarras cuando pierdes la fe en casi todo. De repente me di cuenta que estaba escuchando la canción más bella del mundo, y, paradójicamente,se trataba de una canción que no existe. Estaban, simplemente, improvisando un blues que, si fuera de john lee hooker, de stevie ray vaughan o de eric clapton, todos tendríamos en nuestra casa en una de esas antologías baratas para gente sin tiempo ni ganas que te venden con el periódico los domingos. Habría cientos de miles de versiones de esa canción, estoy segura. Seguramente, yo también la tocaría en muchas de esas tardes en que no se hacer otra cosa que tocar. Mientras la escuchaba alucinada, pensé en lo triste que era que sólo los 20 elegidos que estábamos allí estuviéramos viviendo aquello, y a la vez, en lo jodidamente grande que era estar allí en ese momento, mientras el resto del planeta invertía su tiempo en cosas menos importantes. Porque en aquel momento, nada de lo que sucedía en el mundo era más importante. Paco se dejaba la piel en cada nota que inventaba, cada nota que nacía para morir un segundo después sin que nadie, excepto nosotros, tuviera constancia de que esa nota pasó por la historia de la música para formar parte de la canción más bonita que he oído en mi vida en aquella precisa noche que pintaba más bien aburrida.
Sabía que aquello que estaba viviendo no lo volvería a vivir nunca, que aunque me esforzara en intentar recordarlo, era demasido efímero para retenerlo, y precisamente, eso es, quizá, una de las cosas más bellas de esta historia. La canción más bonita del mundo sólo ha sonado una vez y yo estuve allí para escucharla...

A toda esa gente como Paco, que inventan música a cada segundo, que respiran con cada nota que lanzan al vacío sin más pretensión que crear canciones que nunca nadie escuchará dos veces... Gracias! en un mundo como este, me parece una actitud preciosa